Nov 192014
 

Ilustración x Martina Wember


Quiero comentar el notón de Javier Borelli a Héctor Schmucler.

Muy interesantes las pistas que da Schmucler para pensar la memoria y sus cruces con la tecnología digital disponible hoy: “en el pensamiento humano no hay palabras clave. En la vida, de pronto aparece una voz, una música que recuerda”. La voz, la música, el olor o la imagen serían las palabras clave de la mente, quizás, el anzuelo. Lo inquietante es lo que dice Schmucler sobre la necesidad de datos en la propia memoria, en la propia red, para poder pensar.

¿Cuál es la relación entre la hipermemoria técnica y el olvido? Desde el tallado en la piedra venimos relegando memoria en dispositivos (piedra, arcilla, escritura, papel, libro, disco, LP, cassette, 0 y 1, chip) para recordar. Puede pensarse la acumulación de datos en internet como una relegación de memoria en dispositivos en red (otros humanos y otros aparatos) para sumar datos al pensamiento. ¿Por qué, si tengo disponibles los datos en la red, no puedo considerar que me sirven para pensar, para procesar ideas? El ser dueño de los datos, que estén dentro de uno ¿es indispensable -biológicamente hablando- para el procesamiento del pensamiento? Al respecto, George Siemens dice “El aprendizaje (definido como conocimiento aplicable) puede residir fuera de nosotros (al interior de una organización o una base de datos)”, sembrando uno de los aspectos más controversiales del conectivismo.

Creo que hay una degradación de lo humano al ser totalmente dependientes de algo grabado en otro lado. Porque la búsqueda de Internet no es guiada por la memoria de uno, sino por lo que va dando la frecuencia de búsquedas o los patrones del buscador (que se han impuesto tanto que nos parece que son los únicos posibles)”. Acá me pregunto: al buscar en internet no estamos guiados sólo por patrones del buscador sino por la memoria de otros, podemos pensar sobre la base de una memoria colectiva (a gran escala). Esto a mí me permite preguntarme acerca de nuevas concepciones de construcción de lo común.

¿Acaso un libro no es el resultado del algoritmo de un autor, que no soy yo, cuya información está grabada en otro lado, que no soy yo? Si la posesión del dato en la propia red neuronal y/o emotiva es lo que permite el procesamiento del pensamiento, estamos diciendo que es necesario volver a tiempos previos al tallado de la piedra para pensar. Exagero, pero eso.

Una buena pregunta para el pensamiento histórico “La memoria no debería preguntar qué pasó sino cómo fue posible”, aunque también cuando leemos una fuente el “qué pasó” es necesario para preguntarse después el “cómo fue posible” o lo que uno le quiera preguntar a los que ya no están. Sin embargo, me parece muy significativo el siguiente llamado de atención: confiar en la memoria de datos, en la relegación que hacemos al dispositivo para recordar, no implica el procesamiento, el pensamiento del recuerdo. Me encantan las inquietudes pedagógicas que abre tener que pensar cómo enseñamos historia cuando el dato total está disponible y el trabajo pasa sólo -y fundamentalmente- por pensar y preguntar en todos los tiempos: cómo fue posible, cómo es posible, cómo seguirá siendo posible.

Schmucler remata sobre la supuesta neutralidad de la tecnología: “las tecnologías son maneras de pensar y existir en el mundo”. Frente a la velocidad y los ritmos de atención actuales, dadas las exigencias que impone la técnica al relato, Schmucler dice “deme tiempo”. Quizás, ese sea el pedido más humano que conozco.

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 19/11/2014  Posted by  en_voz_alta Tagged with: ,  Add comments

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